Evaluación del comportamiento de recubrimientos orgánicos anticorrosivos aplicados a superficies de
acero de bajo carbono expuestas en atmosfera marina
Artículo científico: pág. 23
Volumen 7, Número 2, julio - diciembre, 2024 - Recibido: 15-11-2024, Aceptado: 23-12-2024
https://doi.org/10.46908/tayacaja.v7i2.234
INTRODUCCIÓN
En el desarrollo científico y tecnológico actual, los
materiales mayormente utilizados en la ingeniería son los
metales y sus aleaciones, destacando entre ellos los
aceros. La demanda de estos materiales se debe a sus
excelentes propiedades mecánicas y otras propiedades
especiales aptas con el avance tecnológico. Sin embargo,
uno de los inconvenientes que se observa cuando se
utiliza estos materiales en ambientes industriales,
marinos y costeros es el deterioro de las propiedades
mecánicas del acero, tales como la disminución de su
resistencia mecánica y de su tenacidad. En muchos casos
el deterioro del metal es tan intenso que puede ocasionar
fallas prematuras de los componentes utilizados en
diferentes estructuras, ocasionando riesgos en la vida
humana, pérdidas económicas y aumento de la
contaminación ambiental. Los diversos tipos de
degradación ambiental de los metales se describen con
diferentes términos tales como corrosión, corrosión a alta
temperatura, ataque por metal líquido, daño por
hidrógeno y daño por radiación, que a su vez tienen sus
clasificaciones más específicas en cada grupo.
Uno de los efectos más importantes que resulta de la
interacción entre el medio ambiente y los metales
utilizados en estructuras de uso industrial y doméstico es
el fenómeno de corrosión. Siendo la más peligrosa
aquella que se produce en plantas industriales, tales como
centrales eléctricas o plantas de procesamiento químico.
Las consecuencias económicas negativas de la corrosión,
que incluyen pérdidas directas relacionadas con el
remplazo de piezas y equipos, y pérdidas indirectas
relacionadas con la paralización de la producción por la
detención de maquinarias e instalaciones industriales. Las
pérdidas de materiales metálicos corroídos representan
un tercio de la producción mundial, por lo que los
investigadores en este campo se dedican a encontrar
soluciones, ya sea desarrollando materiales con
propiedades anticorrosivas o protegiendo los materiales
existentes con diversos métodos de protección contra la
corrosión (recubrimientos). Se ha comprobado que, al
prevenir la corrosión, se puede eliminar
aproximadamente el 25 % de los gastos anuales
relacionados con ella (El-Meligi,2010).
La corrosión es un fenómeno natural y espontaneo de
destrucción parcial o total de materiales, especialmente
metales, como consecuencia de las reacciones químicas,
electroquímicas o bioquímicas derivadas de la
interacción con el medio ambiente el cual ocasiona el
deterioro de sus propiedades (Perez, 2016). Este
fenómeno es constante y continuo, a menudo difícil de
eliminar por completo. Por ello, la prevención es más
optima y alcanzable que su eliminación completa. Los
procesos de corrosión se desarrollan rápidamente tras la
ruptura de la capa protectora y se acompañan de diversas
reacciones que modifican la composición y las
propiedades tanto de la superficie metálica como del
entorno local, los factores más influyentes en el medio
corrosivo son la humedad, el pH, la concentración y
disponibilidad del oxígeno, la presencia de iones con acción
específica, la concentración de iones metálicos, las
propiedades conductoras, electro conductoras y la presencia
de inhibidores (Cay, et al, 2018). Desde el punto de vista
termodinámico, la tendencia de los metales a corroerse se
caracteriza mediante la evaluación de la energía libre de
Gibbs del proceso, cuya variación proporciona datos sobre
la posibilidad e imposibilidad del proceso (Edeleanu &,
1960)
Debido a que el acero es susceptible a la corrosión, para su
mejor conservación es necesario utilizar recubrimientos
sobre el sustrato metálico. La elección de los medios de
protección anticorrosiva se basa tanto en el conocimiento
cinético de las reacciones anódicas y catódicas que
contribuyen a determinar el comportamiento de metales y
aleaciones, como en el conocimiento de los parámetros que
influyen en dicho comportamiento. Los procesos de
recubrimiento consisten en la deposición sobre las
superficies de los materiales de capas protectoras metálicas
o no metálicas. Estas capas protectoras pueden ser de
materiales inorgánicos (metales, esmaltes y cerámicas) u
orgánicos (plásticos, barnices o pinturas), y se obtienen
mediante los siguientes métodos: químicos, electroquímicos
y termo mecánicos (Sundberg, Karppinen, 2014).
El proceso de recubrimiento con capas protectoras
inorgánicas se basa en la deposición de capas de compuestos
inorgánicos, química o electroquímicamente, mediante la
conversión de la capa metálica superficial en productos
metálicos poco solubles (óxidos, fosfatos, cromatos,
nitruros) o la deposición de masas a base de silicatos o el
recubrimiento con materiales cerámicos. La calidad de los
recubrimientos depende de la preparación de la superficie y
los parámetros de trabajo (Benmaleck, Dunlop, 1995). Las
capas inorgánicas se pueden depositar mediante conversión
química o electroquímica. Las capas de conversión resultan
de la reacción entre un reactivo y la superficie metálica,
formando una película de compuestos que se adhiere a la
superficie, lo que garantiza un aumento de la resistencia a la
corrosión y al desgaste, un bajo coeficiente de fricción,
aislamiento térmico y eléctrico, reducción de la deformación
plástica en frío o puede tener una función decorativa
(Malucelli, 2016). Mediante conversión química, la
superficie metálica reacciona con una solución acuosa,
dando como resultado una película de productos de
corrosión adherentes y relativamente compactos, que aísla
la superficie del ambiente corrosivo (Brown & et al, 1993).
Los procesos de conversión química son: fosfatado,
cromatización, sulfuración y nebulización.
El control de la corrosión en metales es de importancia
técnica, económica, ambiental y estética. El uso de
recubrimientos es una de las mejores opciones para proteger
metales y aleaciones contra la corrosión. La toxicidad
ambiental de los inhibidores de corrosión orgánicos ha
impulsado la búsqueda de inhibidores ecológicos, ya que